Saber cómo organizar la nevera es mucho más que una cuestión de orden visual. Y es que la forma en la que distribuimos los alimentos influye directamente en su conservación, en el desperdicio de comida y, por supuesto, en el consumo energético de nuestro hogar.
Y te preguntarás: ¿Por qué? Pues porque un frigorífico bien ordenado permite que el aire frío circule de forma eficiente, manteniendo así una temperatura estable y reduciendo el esfuerzo del motor.
A menudo, llegamos de la compra y colocamos los productos en el primer hueco que encontramos libre. Sin embargo, cada zona del frigorífico tiene una temperatura y un nivel de humedad diferentes, diseñados específicamente para distintos tipos de alimentos. A continuación, te explicamos cómo aprovechar al máximo cada espacio.
Por qué es importante organizar bien el frigorífico
El frigorífico es uno de los electrodomésticos que más energía consume en casa, ya que está conectado las 24 horas del día. Por este motivo, mantener el orden en su interior es una medida de eficiencia energética muy sencilla de aplicar.
Además, cuando aprendes a organizar el frigorífico correctamente, consigues tres grandes beneficios:
- Primero, alargas la vida útil de los alimentos frescos, evitando que se estropeen antes de tiempo.
- Segundo, reduces el tiempo que pasas con la puerta abierta buscando lo que necesitas.
- Y tercero, facilitas la circulación del aire frío, lo que evita que el motor trabaje en exceso y consuma más electricidad de la necesaria.
Cómo organizar la nevera por zonas de frío
Para entender cómo organizar la nevera de forma óptima, debemos tener en cuenta que el frío no se distribuye de manera uniforme. El aire frío pesa más y tiende a bajar, por lo que las zonas inferiores suelen ser las más frías, mientras que la puerta es la zona más expuesta a los cambios de temperatura.
Estante superior: alimentos cocinados, lácteos y embutidos
La zona superior y central-alta del frigorífico mantiene una temperatura moderada, ideal para productos que no necesitan un frío extremo pero que ya están listos para consumir. Aquí es donde debes colocar los restos de comida, siempre en recipientes herméticos de cristal o plástico, así como los platos precocinados.
Es de igual manera el lugar adecuado para los lácteos como yogures, natillas o quesos frescos. También para los embutidos, preferiblemente guardados en fiambreras o envases bien cerrados para que no se resequen ni transmitan olores al resto de la nevera.
Estante central e inferior: carne, pescado y frescos
La zona situada justo por encima de los cajones es la más fría de todo el electrodoméstico. Por lo tanto, es el lugar reservado para los alimentos más perecederos y delicados: la carne y el pescado crudos. Asimismo, es muy importante guardarlos en recipientes cerrados o bolsas herméticas para evitar que sus jugos goteen y contaminen otros productos.
Si vas a descongelar algún alimento, también debes hacerlo en esta zona, utilizando un plato o recipiente hondo que recoja el agua de la descongelación. De esta forma, aprovechas el frío que desprende el alimento congelado para enfriar la nevera, una práctica que contribuye a la eficiencia energética.
Cajones inferiores: frutas, verduras y hortalizas
Los cajones inferiores están diseñados para mantener un nivel de humedad adecuado y proteger los alimentos del frío directo que podría estropearlos. Esta zona es exclusiva para las frutas, verduras y hortalizas frescas.
Un consejo útil: no las laves antes de guardarlas, ya que la humedad extra acelera su deterioro. Además, conviene separar las frutas de las verduras, e incluso retirar los envases de plástico en los que suelen venir, ya que impiden que los alimentos respiren y favorecen la aparición de moho.
Puerta: huevos, salsas y bebidas
La puerta es la zona menos fría y la que sufre más variaciones de temperatura cada vez que abrimos la nevera. Por este motivo, solo debemos colocar aquí los productos que mejor resisten estos cambios.
Es el lugar perfecto para las bebidas (agua, zumos, refrescos), las salsas (kétchup, mostaza, mayonesa), las mermeladas, la mantequilla y los huevos. Aunque muchas neveras incluyen la huevera en la puerta, los huevos se conservan bien aquí porque su cáscara los protege de los cambios térmicos.
Cómo ordenar un frigorífico para ahorrar energía
Saber cómo ordenar un frigorífico conserva mejor tu comida, pero además protege tu bolsillo. Y es que un frigorífico desordenado o excesivamente lleno impide que el aire circule, por lo que el compresor se ve obligado a consumir más energía para mantener la temperatura.
En este sentido, es útil revisar los consejos de ahorro energético para aplicar las buenas prácticas en casa:
- No satures el espacio: deja un poco de separación entre los alimentos y las paredes del fondo para que el aire frío pueda moverse libremente.
- No guardes comida caliente: deja que los platos recién cocinados se enfríen a temperatura ambiente antes de meterlos en la nevera. Si los introduces calientes, subirás la temperatura interior y el motor tendrá que trabajar el doble.
- Abre la puerta lo menos posible: piensa qué necesitas antes de abrir, y sácalo todo de una vez. Conviene tener en cuenta que cada segundo con la puerta abierta supone una pérdida de frío que luego hay que recuperar.
- Revisa la temperatura: la temperatura ideal para la nevera se sitúa entre los 3 ºC y los 5 ºC, mientras que el congelador debe estar a -18 ºC. Bajar más estos grados solo incrementará tu consumo sin mejorar la conservación.
Consejos extra para conservar mejor los alimentos
Además de la distribución por zonas, existen otras buenas prácticas que te ayudarán a mantener tus alimentos frescos durante más tiempo y a evitar sorpresas desagradables.
Por otro lado, si notas que tu electrodoméstico no enfría como debería a pesar de estar bien ordenado, recuerda que puedes contar con un servicio de reparación eléctrica para revisar su funcionamiento.
Para optimizar aún más la conservación, aplica la regla FIFO (First In, First Out): lo primero que entra es lo primero que sale. Coloca los alimentos que caducan antes en la parte delantera de los estantes, a la vista, y guarda los recién comprados detrás.
Por último, recuerda que no todos los alimentos deben ir a la nevera. En este sentido, productos como los tomates, los plátanos, los aguacates, las patatas, las cebollas o el ajo pierden sabor y textura con el frío, por lo que es mejor conservarlos en un lugar fresco y seco fuera del frigorífico.
Sin duda, conocer qué necesita cada alimento es clave para desterrar los mitos más comunes sobre el consumo energético y la conservación doméstica.